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Recomendaciones para prevenir la presencia de PSA en huertos de kiwi

nov05 01Llevar a cabo prácticas culturales estrictas y establecer un programa basado en el uso de cobre, elicitores y productos biológicos, resulta fundamental para alcanzar el objetivo esperado.

Tras una temporada 2017-2018 positiva, los productores de kiwi están preocupados por las condiciones climáticas de la presente primavera, debido a que son propicias para la propagación de la PSA, patología que se ha convertido en la principal amenaza sanitaria para esta especie.

 

"Esta primavera ha sido muy distinta a la pasada. Hemos tenido lluvias casi semanales y temperaturas entre 10°C y 18°C, es decir, condiciones que favorecen al desarrollo de esta enfermedad en los huertos", asegura el Dr. Jaime Auger, profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile.

Y es que el principal medio de diseminación de la enfermedad —además del "lloro" rojo que exuda la planta— es el salpicado de la gota de lluvia.

De hecho, hasta 2014 el impacto de esta enfermedad en el país fue menos severo gracias a la presencia de primaveras secas. Sin embargo, esta situación empezó a cambiar en 2015, cuando la mayor ocurrencia de lluvias y heladas primaverales provocó la infestación de botones florales, manchados necróticos de hojas y muerte de brazos.

Para los expertos, la etapa que desde el inicio de la brotación de la planta hasta el momento en que las temperaturas llegan a los 25°C es la más peligrosa.
"Un brote nuevo se daña más fácilmente, ya sea por las heladas, el viento, el granizo o las lluvias, es decir, todo lo que provoque una ruptura de tejido por donde pueda ingresar la bacteria. El calor, en cambio, no es un buen aliado para la enfermedad", asegura Jaime Auger.

Planificar, la clave
El gran problema, según los expertos, es que en el corto plazo las condiciones climáticas de esta primavera no deberían cambiar en las principales zonas productivas del país, por lo que resulta urgente que tanto asesores como productores realicen una completa planificación de las labores que se realizarán de aquí en adelante.

El primer paso será determinar, lo antes posible, si la enfermedad está en el huerto, para lo cual es importante realizar un análisis en el campo con herramientas moleculares. Si la bacteria se encuentra presente, hay que desarrollar una estrategia de convivencia, ya que es imposible erradicarla, que permita tener plantas cómodas. Por el contrario, si el patógeno no está en el huerto, lo mejor será establecer un plan preventivo que evite que llegue.

En este último caso, la realización de prácticas culturales, aplicadas de manera estricta, como la desinfección de tijeras o la eliminación de material enfermo durante la poda, será fundamental.

Una de las herramientas preventivas más usadas por los productores son las sales de cobre —hidróxido u óxido de cobre—, las que podrían llegar a alterar la polinización y la cuaja de las flores.

"Por lo mismo, no es conveniente aplicar cobre en periodo de flor. Además, se ha demostrado que la bacteria desarrolla resistencia a este elemento, por lo que hay que tener cuidado", comenta Jaime Auger.

Algo similar ocurre con los antibióticos, los cuales deben ser usados con cuidado para evitar la aparición de cepas resistentes.

Otra opción que destacan los expertos es utilizar inductores de resistencia químicos, como el acibenzolar-S-metilo, y cepas de bacterias Gram positivas del género Bacillus y/o Brevibacillus, las cuales producen compuestos inhibitorios y compiten por el espacio con la bacteria PSA.

"Si bien nosotros estamos trabajando en el desarrollo de inductores de resistencia en base a bacterias para el control de PSA, tenemos claro que no existe ningún producto que logre un 100% de control sobre las enfermedades bacterianas. Por lo mismo, el productor debe buscar alternar y mezclar todos estos productos con el fin de evitar la aparición de cepas resistentes a los ingredientes activos de estos productos de control", recomienda el Dr. Ernesto Moya, académico del Departamento de Producción Vegetal de la Universidad de Concepción.

"Los productores que logran contener mejor la enfermedad, a menudo, son aquellos que llevan a cabo un estricto programa basado en el uso de cobre, elicitores y productos biológicos, y dejan los antibióticos como última opción", complementa Christian Abud, asesor y director gerente de Abud & Cía.

La otra opción
Una estrategia menos masificada, debido a su alto costo, pero que a la fecha ha logrado buenos resultados, es el uso de cobertores plásticos, similares a los que se nov05 02utilizan en los huertos de cerezos.

"Son una alternativa que reduce las condiciones que favorecen la incidencia de la bacteria, pues minimiza el salpicado de lluvia y modifica el medioambiente, que es un factor preponderante para que se desarrolle la enfermedad", explica Ernesto Moya.

Hay que recordar que el kiwi es una planta enredadera que se desarrolla naturalmente bajo otros árboles con el fin de protegerse del sol. Esto, en el caso de un huerto comercial, se logra al usar algún tipo de cobertura.

"Bajo cobertores plásticos de baja densidad es posible convivir exitosamente y tener huertos económicamente sustentables", asegura Christian Abud, quien ha realizado diversos estudios sobre el tema.

Jaime Auger también valora el aporte de esta herramienta e incluso va más allá: "Sería bueno sondear el uso de los cobertores en las variedades amarillas, que son las que tienen mejores perspectivas económicas".

Más variedades
Si bien la PSA ataca a las tres especies de kiwi que existen —Actinidia deliciosa (kiwi verde), A, chinensis (kiwi amarillo) y A. arguta ("Baby kiwi")—, no lo hace con la misma intensidad.

"A la fecha, la bacteria ha sido más virulenta con las variedades de kiwi amarillo, a pesar de que en Nueva Zelanda existe el cultivar 'Gold 3', que presenta un mayor nivel de resistencia. Por su genética, el cv. Hayward, que es la variedad típica que consumimos en Chile, presenta un grado de resistencia mayor, aunque igual se ve afectado severamente si se presentan condiciones medioambientales específicas", explica Ernesto Moya.

Por lo mismo, los expertos centran sus esperanzas en la utilización de nuevas variedades más tolerantes a la enfermedad, tal como lo ha hecho en el último tiempo Nueva Zelanda.

Otros momentos de riesgo
El riesgo de que un huerto se infecte con PSA no sólo existe en primavera sino también en otros momentos del año. En otoño, por ejemplo, la enfermedad puede ingresar a la planta a través de aberturas naturales, como estomas, lenticelas y los pistilos de la flor, o producto de las heridas que se producen durante la cosecha o la caída de las hojas.

"Una vez adentro, la bacteria desarrolla un sistema de secreción proteico que le permite inyectar a través de la membrana plasmática de la célula vegetal diferentes compuestos que inhiben los sistemas de defensa que posee naturalmente la planta de kiwi", detalla Ernesto Moya.

Luego se genera una muerte celular y aparecen manchas necróticas con un halo clorótico en las hojas.

"A su vez, la PSA puede moverse sistémicamente dentro de la planta, bloqueando los haces vasculares a través de la multiplicación celular y la producción de exopolisacáridos propios, generando así la muerte de brazos y brotes", agrega Ernesto Moya.

Fuente: www.elmercurio.com/campo

Revisar: Programa Fitosanitario de PSA Primavera-Verano del Comité del Kiwi (ver aquí)

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