Para un productor de kiwi, la falsa arañita roja puede pasar prácticamente inadvertida en el huerto. Sin embargo, para un exportador, encontrar un solo ejemplar viable puede transformar un lote comercialmente atractivo en fruta que debe ser desviada, tratada o destinada a un mercado diferente.
Ese fue uno de los principales mensajes entregados por Raimundo Cuevas, gerente técnico de Abud & Cía., y Cristian Muñoz, subgerente técnico de Greenvic, durante uno de los episodios de Viernes del Kiwi, programa organizado por el Comité del Kiwi de Frutas de Chile, donde ambos especialistas abordaron en profundidad el manejo de la falsa arañita roja de la vid (Brevipalpus chilensis) en los huertos de kiwi.
A diferencia de otras plagas que pueden provocar un daño productivo evidente, el principal impacto de Brevipalpus chilensis en kiwi es cuarentenario y comercial. Muñoz fue categórico: una ninfa, un huevo o un adulto viable puede ser causal de rechazo para mercados donde la especie tiene condición cuarentenaria.
El SAG identifica a Brevipalpus chilensis como la falsa arañita roja de la vid y señala al kiwi entre sus hospederos. La especie se distribuye en Chile principalmente entre Aconcagua y Ñuble y tiene importancia cuarentenaria para Estados Unidos.
Una plaga que no necesariamente daña el kiwi, pero sí su comercialización
Cristian Muñoz explicó que, desde el punto de vista fisiológico, la presencia del ácaro en un kiwi no genera necesariamente el nivel de daño que puede observarse en otras especies.En un cerezo, ejemplificó, una alta presión de arañita puede llegar a provocar una fuerte defoliación y repercutir sobre la temporada siguiente.
En kiwi, el problema puede ser menos visible.Pero comercialmente el riesgo es enorme.
“La sola presencia de una ninfa, un huevo o un adulto viable es causal de rechazo”, explicó Muñoz durante el programa.Esto explica por qué el manejo debe comenzar mucho antes de la cosecha.
Las hembras pueden pasar el invierno como adultas y parte de ellas hacerlo ya fecundadas. Cuando las temperaturas comienzan a aumentar durante agosto y septiembre, pueden iniciar rápidamente la oviposición. Por ello, Muñoz insistió en que el control temprano resulta fundamental: cuando la hembra sale de su refugio invernal, puede comenzar prácticamente de inmediato a poner huevos y la población tiene capacidad de multiplicarse con rapidez.
Systems Approach: proteger mercado sin deteriorar la fruta
Uno de los ejes centrales de la conversación fue el Systems Approach, sistema que el Comité del Kiwi ha impulsado durante años como alternativa a determinados tratamientos cuarentenarios.El Comité explica oficialmente que este esquema busca disminuir la prevalencia de Brevipalpus chilensis a nivel de huerto y es reconocido como alternativa cuarentenaria a la fumigación para kiwi en mercados como Estados Unidos y Brasil.
Chile implementó su primer protocolo de Systems Approach precisamente para kiwi destinado a Estados Unidos en 1997, utilizando como plaga objetivo Brevipalpus chilensis. Para Brasil, el esquema comenzó a implementarse en kiwi en 2015.
México, por su parte, ha trabajado con Chile en un plan piloto de enfoque de sistemas para kiwi que considera como plagas cuarentenarias a Brevipalpus chilensis y Pseudococcus viburni.
¿Por qué es tan importante evitar una fumigación? Según Muñoz, no se trata simplemente del costo del tratamiento.“Los clientes ya no quieren fruta fumigada porque ésta se deteriora”, planteó.
El ejecutivo sostuvo que el tratamiento puede afectar la condición y modificar características organolépticas de la fruta, reduciendo el atractivo de un kiwi cuya principal fortaleza comercial está precisamente en poder llegar a numerosos mercados con una condición consistente.
Uno de los antecedentes más fuertes entregados durante el episodio fue aportado por Muñoz. El subgerente técnico de Greenvic señaló que recopiló información con un laboratorio autorizado que participa en estos procesos de evaluación.
Según indicó, durante la temporada anterior se realizaron 351 muestreos oficiales de Sitios de Producción (SdP) y 43% habría resultado rechazado.
“Ese número es bastante categórico y preocupante”, sostuvo. El dato, demuestra por qué el problema no debe manejarse únicamente cuando la plaga se hace visible.
Brevipalpus chilensis es endémica de Chile y puede encontrarse en distintas zonas productoras, por lo que la estrategia debería partir de una premisa preventiva: asumir que existe riesgo y trabajar sobre él antes de llegar al muestreo oficial.
Muñoz insistió en que el primer antecedente que debe analizarse es el historial de cada productor. Si un sitio tuvo rechazos la temporada anterior o terminó el ciclo con una elevada presencia de arañita, el manejo siguiente debe ser más riguroso.
Para ello, destacó la necesidad de una comunicación permanente entre productor y exportadora. Greenvic, explicó, entrega a sus productores antecedentes sobre los resultados de la temporada anterior y utiliza esa información para direccionar los programas fitosanitarios.
El objetivo es evitar que el productor llegue al momento de certificación sin conocer el verdadero nivel de riesgo de su huerto.

Cuatro aplicaciones y un costo “marginal”
Raimundo Cuevas, gerente técnico de Abud & Cía. buscó derribar otra percepción: que cumplir con el programa implica una estructura de costos excesivamente compleja. Según explicó, el esquema considera alrededor de cuatro aplicaciones, cinco si se incorpora aceite, varias de las cuales pueden coordinarse con labores fitosanitarias que el productor realiza habitualmente.
“El costo del programa es marginal comparado con lo que está en juego”, enfatizó.
A su juicio, el desafío principal no está en conseguir productos especialmente sofisticados, sino en incorporarlos al programa, utilizarlos en el momento correcto y seguir las recomendaciones técnicas de asesores y exportadoras.
Cuevas llamó además a no esperar a “ver” arañitas. Que el productor no observe ejemplares a simple vista no significa que la población no esté presente.
Y esperar hasta semanas cercanas a cosecha para reaccionar con productos biológicos o tratamientos de emergencia puede ser demasiado tarde.
Cristian Muñoz llevó el análisis directamente a números. De acuerdo con sus cálculos y utilizando las moléculas mencionadas durante la conversación, las tres aplicaciones consideradas representarían aproximadamente US$171 a US$175 en productos por hectárea.
Traducido a fruta, explicó, sería equivalente aproximadamente al retorno de 150 kilos de kiwi. Dijo que esa inversión resulta pequeña frente al riesgo de perder la posibilidad de acceder a mercados de alto valor.
Muñoz agregó que Greenvic registraba aproximadamente 28% de rechazo en sus Sitios de Producción, cifra inferior al 43% mencionado como referencia general del laboratorio, aunque su objetivo es continuar reduciéndola.
Además, de los sistemas que llegaban aprobados hasta cosecha, señaló que durante la temporada anterior la pérdida posterior de condición en producto terminado fue de solamente alrededor de 4%.
Cuando un lote pierde la aprobación, el problema continúa en el packing
Una de las advertencias más importantes de Muñoz fue que la consecuencia de un mal manejo no termina en el huerto.
Si una fruta ya fue cosechada, embalada y estaba programada para determinado cliente, pero pierde su condición dentro del sistema, la exportadora debe buscar un nuevo mercado.
Eso puede implicar:
- cambiar el destino de un producto ya confeccionado;
- incumplir programas comerciales;
- generar sobreoferta en mercados secundarios;
- aceptar retornos inferiores;
- y reorganizar ventas que ya estaban comprometidas.
“Esto es una cadena que va más allá del huerto”, explicó. El riesgo último, agregó, sería que los países compradores reconsideren los esquemas disponibles si la industria no logra mantener adecuadamente los estándares sanitarios.
El aceite: efectivo contra huevos, pero debe aplicarse bien
Los especialistas también respondieron consultas prácticas realizadas durante Viernes del Kiwi. Una de ellas estuvo relacionada con el uso de aceites agrícolas.
Cuevas explicó que productos de este tipo pueden utilizarse incluso en determinados programas orgánicos y que son muy efectivos sobre huevos cuando se aplican temprano.
En términos generales, sostuvo que una aplicación previa a floración, complementada posteriormente con las herramientas químicas establecidas en el programa, puede entregar buenos resultados.
Muñoz coincidió y fue incluso más enfático.Si un huerto terminó la temporada anterior con alta presencia de arañita o registró rechazo, comenzar la nueva campaña con aceite pasa a ser, en su opinión, prácticamente obligatorio.
Pero aplicar un buen ingrediente activo no basta. Aquí apareció uno de los puntos técnicos que ambos especialistas quisieron reforzar: la calidad de la aplicación.
Muñoz explicó que una aplicación dirigida a arañita debe realizarse con alto volumen, mencionando referencias de 2.000 a 2.500 litros de agua, debido a los lugares donde el ácaro pasa el invierno.
La plaga puede esconderse en grietas, rugosidades y sectores de la corteza, particularmente alrededor del cordón y estructuras leñosas de la planta.
Si el producto no consigue penetrar y mojar esos sitios, la eficacia disminuye aunque la molécula sea correcta.
Para Muñoz, Chile cuenta con una buena disponibilidad de ingredientes activos.El problema estaría más bien en cómo se ejecutan las aplicaciones.“La calidad de las aplicaciones todavía está muy al debe”, planteó.
El control requiere alto volumen, buen mojamiento, cobertura completa y una adecuada calidad del agua.Y esta última variable puede estar siendo subestimada.
El pH del agua puede dejar sin efecto una buena molécula
Muñoz puso especial énfasis en el agua utilizada para preparar las aplicaciones. Las características cambian según la zona geográfica, época del año y fuente de abastecimiento.
Según explicó, desde San Fernando hacia el norte es frecuente encontrar aguas más alcalinas.Un agua que alcanza valores cercanos a pH 8 puede disminuir la eficacia de determinadas moléculas fitosanitarias.
Muñoz recomendó trabajar aproximadamente entre pH 5 y 6 para muchas aplicaciones y revisar el agua al menos dos o tres veces durante la temporada, porque sus características pueden cambiar a medida que avanza el ciclo productivo.
Así, cuando un producto aparentemente “no funciona”, el problema no necesariamente está en la molécula.Puede estar en el pH, la dureza del agua, el mojamiento o la cobertura.
Por esa razón, Muñoz recomendó incorporar también monitoreos postaplicación.
El objetivo es comprobar si la estrategia realmente redujo la población. Esto puede ser realizado por productores, exportadoras o empresas proveedoras, y permitiría identificar tempranamente problemas asociados a la preparación del caldo, calidad del agua o ejecución de la aplicación.
El rol de los biorracionales
Cuevas abordó también las alternativas de control biorracional.Mencionó productos basados en extractos de Capsicum y Chromobacterium, pero advirtió que deben entenderse como complementos de un programa químico bien ejecutado, y no como sustitutos completos de éste.
Puso como ejemplo huertos orgánicos que enfrentan dificultades para disminuir Brevipalpus cuando basan toda su estrategia únicamente en estas herramientas.
Aplicarlas reiteradamente no garantiza eliminar la presión del ácaro si no existe un manejo preventivo estructurado.
Este punto resulta especialmente sensible para Greenvic.Muñoz explicó que la compañía cosechó la temporada anterior más de 13 millones de kilos de kiwi, volumen que, según señaló, la ubica entre las cinco principales exportadoras del país en esta especie.
Aproximadamente 6% correspondió a fruta orgánica.El manejo orgánico presenta mayores restricciones de herramientas.Muñoz señaló que actualmente cuentan principalmente con alternativas como jabones potásicos.
Estos productos pueden realizar una limpieza física de la planta y reducir temporalmente la población, pero no tienen el mismo efecto residual de determinadas herramientas convencionales.
“Es un lavado, es un arranque, no controla”, resumió.La arañita puede volver a aparecer posteriormente.

Más volumen significa mayor necesidad de mercados
Cuevas vinculó el manejo sanitario con otra realidad que enfrenta la industria: Chile está aumentando su oferta de kiwi.
A mayor volumen, mayor necesidad de conservar todas las alternativas comerciales disponibles.Si un productor podía antiguamente detectar arañita y desviar su fruta hacia otro destino con precios razonables, hoy esa estrategia resulta cada vez menos sostenible.
“Tenemos cada vez más presión de llegar a esos mercados”, afirmó Cuevas.La solución, sostuvo, puede ser tan concreta como cumplir rigurosamente las tres o cuatro intervenciones esenciales y realizarlas en el momento correcto.
Muñoz lo resumió desde la perspectiva comercial: “Nosotros necesitamos un mercado y los mercados no nos necesitan a nosotros”. Apuntó a que la industria chilena debe proteger las herramientas fitosanitarias que ha logrado negociar y demostrar consistencia en el cumplimiento de los protocolos.
No olvidar Psa, Botrytis y Sclerotinia
Aunque la falsa arañita fue el eje principal del episodio, Muñoz hizo una advertencia adicional: el programa fitosanitario del kiwi no puede concentrarse solamente en una plaga.Durante primavera es necesario mantener atención sobre Psa, Botrytis y Sclerotinia.
En particular, señaló que durante las últimas temporadas han comenzado a observar casos de Sclerotinia en huertos que sufrieron inundaciones o mantuvieron mayor humedad en el suelo durante años anteriores.
El especialista vinculó este manejo directamente con la capacidad de guarda de la fruta. El kiwi es una especie que puede permanecer almacenada durante largos períodos y, por lo tanto, el huerto debe producir fruta sanitariamente preparada para enfrentar esa extensa postcosecha.
Muñoz agregó otro elemento: la arquitectura del huerto.Una carga excesiva, acompañada de vegetación demasiado densa, puede generar un microclima favorable para que la arañita continúe desarrollando su ciclo.
Por ello, una vez superado el período de mayor riesgo asociado a Psa, recomendó comenzar rápidamente a regular carga y ordenar el huerto, buscando mejorar ventilación, luminosidad y calidad futura de la fruta.
La conclusión compartida por Cuevas y Muñoz fue probablemente la más sencilla, pero también la más importante para los productores: no hay que esperar a encontrar arañita para comenzar a controlarla.
Su tamaño, capacidad de refugiarse en la corteza y rápida multiplicación hacen que una estrategia basada únicamente en observación visual pueda llegar demasiado tarde.
Además, el criterio comercial es mucho más estricto que el productivo: la tolerancia cuarentenaria puede ser cero.
Por eso, la estrategia propuesta durante Viernes del Kiwi se construye sobre varios elementos que deben funcionar simultáneamente: historial del huerto, aplicaciones tempranas, aceite cuando corresponde, productos químicos en sus ventanas autorizadas, alto volumen de agua, cobertura completa, revisión del pH y dureza, monitoreo posterior, manejo de carga y coordinación permanente entre productor, asesor y exportadora.
El costo, sostienen los especialistas, es pequeño frente a lo que puede perderse.Con una industria que seguirá aumentando sus volúmenes y necesita mantener abiertos todos sus destinos, controlar Brevipalpus chilensis deja de ser simplemente una decisión fitosanitaria.
Redacción News Frutas de Chile.